Hallazgo, elección, procesamiento y disposición
Sobre Madera Papel de Ana Clara Soler
Naranja Verde - Abril 2013

Seres unicelulares, estrella de mar, poliedros, piedras semipreciosas, cristalitos, objetos decorativos anacrónicos, fitoplancton, algas, delfín o ballena miniatura. La acumulación, puesta en común, puesta en evidencia y sobre-posición de figuras sobre la mesa de Ana Clara Soler componen un episodio lógico en el marco de una serie que se despliega como si se tratara de la última entrada en un diario de trabajo, un diario que virtualmente se lleva todos los días, periódicamente. Madera papel es por lo tanto parte de una trabajo más largo, trabajo, en el sentido artesanal, artístico, conceptual, pero también en su sentido ocupacional, psíquico, que no se asemeja a un registro cronológico, sino más bien a una suerte de taller donde se practica una y otra vez un método, por medio del cual lo que se pone en funcionamiento es cierta soberanía lúdica, fundada en la repetición y reversión de un mismo procedimiento: el collage/fotomontaje.
De Picasso a Hannah Höch, de los surrealistas a Brecht, la vocación modernista del montaje apuntó, aunque con diversos propósitos, a construir constelaciones, generar el encuentro de elementos heterogéneos, de señalar intervalos, producir extrañamiento y hacer pasar por la imagen una incrustación de lo real. Todas estas afrentas realistas, aparecen matizadas en la obra de Ana Clara Soler aunque extrae de ellas un punto de partida en común: sacar a las imágenes de su inmovilidad, de su mera presentación, para dar cuenta del acto de hallarlas, elegirlas, procesarlas y disponerlas. Sin embargo, en este último tramo del método, en el procesamiento y disposición, decide retorcerse, activar un sistema de inversiones. Mientras el fotomontaje clásico procuraba saturar, Ana Clara sustrae alternativamente el fondo y la figura (un vaso de whisky, una copa de cristal, un caracol); mientras el fotomontaje clásico intentaba polemizar con la actualidad denunciado sus mecanismos de corte, delimitación y descontextualización, Ana Clara licúa los bordes, fusiona colores, revela transparencias, borronea los límites; mientras el fotomontaje clásico obtenía buena parte de su potencia en el carácter documental, frío, de sus elementos, Ana Clara los hace pasar por la sensibilidad de la acuarela.
En este sentido, las imágenes son encontradas, recortadas, dibujadas y pintadas, vueltas a ser recortadas, para ser finalmente dispuestas. En el acto de intercalar la acuarela, se filtra el montaje como principio para disponer y elaborar el material, y lo que antes era la dispersión de las diferencias expuestas bajo la dinámica del conflicto, se convierte en la integración orgánica; lo que se mostraba como un forma oscura de conocer a partir de la distancia, aparece como método de cercanía teñido de optimismo, donde el objeto no se muestra sino que se lo inventa: la ilusión del objeto que nunca estuvo. El trabajo se vuelve sintético, vuelve a reunir la idea mecánica de desmembrar y recomponer las imágenes, con la vocación vitalista de crearlas.

Bárbara Golubicki